Nueva vida tras el desahucio

En el nuevo piso: Vicenta y su hijo con la trabajadora social y Gumiel. - ANDRÉS RODRÍGUEZ

Han sufrido mucho pues ya se veían en la calle después de 34 años en la misma vivienda. Vicenta Núñez seguirá insistiendo en que echarla ha sido una injusticia porque fue el dueño del piso el que incumplió su deber como casero, pero ahora esta mujer y su hijo José Antonio, discapacitado, están felices en su nueva casa en alquiler de la Junta de Extremadura, a la que han accedido gracias a la diligencia de la propia Administración regional, la comprensión de la jueza que ha llevado este caso de desahucio y la intermediación rigurosa y generosa de la asociación de discapacitados Apamex.

Vicenta Núñez vivía en un piso de alquiler en El Progreso, donde se crió José Antonio, que ahora tiene 22 y presenta parálisis cerebral, con una discapacidad del 84%, al que acogió cuando era un bebé de 7 meses y adoptó. En el 2017 dejó de pagar el alquiler (150 euros al mes) durante 8 meses porque el propietario no arregló una gotera que ella tuvo que costear. El dueño presentó una denuncia, que acabó en orden de desahucio que se tenía que haber hecho efectiva el 2 de abril pasado. Apamex conoció esta situación por una información que publicó este diario. Su presidente, Jesús Gumiel, señala que esta asociación no solo ayuda a quien acude a ellos «y coordinando esfuerzos se pueden encontrar soluciones».

La jueza decidió aplazar un mes el desahucio. Apamex provocó una reunión con responsables del servicio de adjudicación de viviendas de la Junta y la Dirección General de Arquitectura y vieron la opción de una vivienda social de alquiler que además fuese accesible. El tiempo acuciaba y en un mes era imposible resolver el trámite. La Junta lo argumentó a la jueza y el desahucio se detuvo hasta el 3 de julio. Vieron cinco viviendas disponibles y encontraron una en la calle Jalifa (San Fernando) accesible. Apamex consiguió que en un solo día se diese el alta en Endesa y Aqualia. La jueza permitió unos días más y el 11 de julio Vicenta entregó la llave del piso anterior. Ya están prácticamente instalados en una casa a estrenar, por la que pagan 125 euros. «Tenemos demostrado que cuando una oenegé como nosotros media entre la persona y las administraciones se resuelve el problema», defiende Gumiel. «Yo no me quería ir de mi casa por el niño, pero ahora dice que está a gusto». A José Antonio se le ve feliz.

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