¡VUELTA LA BURRA AL TRIGO!

Autor: Fernando Espinosa Gutiérrez

Seguimos perdidos, confundidos y lo que es peor, manipulados. En lo personal, poca esperanza deposito en quién debe determinar cómo deberíamos actuar, pues a la vista está que el paso de los días no hace más que evidenciar el desconcierto y posterior despropósito entre los mandos que debieran establecer una estrategia. Siguen transcurriendo las semanas y hoy, 13 de abril, se reanudan los trabajos que quedaron en suspenso tras la entrada en vigor del R.D.L 10/2020, de 29 de marzo.

Mientras todas las cifras de la pandemia siguen aumentando a origen, ciertos Organismos, algunos Colegios Profesionales y los propios Consejos Superiores, siguen empeñados, como ya dije el pasado 18 de marzo, en que los técnicos que ejercemos la coordinación de seguridad y salud en fase de ejecución asumamos responsabilidades en materia sanitaria y de salud pública, absolutamente impropias en opinión de quién suscribe, e intentando de una forma u otra situarnos al pie del cañón, pero en una guerra que no es nuestra.

El pasado 8 de abril, los Consejos Superiores de Arquitectos y Arquitectos Técnicos emitían un segundo comunicado, en el que se espolea, dada la sensibilización existente con el tema que nos ocupa, a que sea el técnico quién controle el cumplimiento de las medidas recomendadas por las autoridades sanitarias y debiendo, en caso de incumplimiento de advertencias previas al respecto, comunicarlo a la Autoridad competente. Nuevamente se nos sitúa al frente de un ejército fantasma, sin armas ni táctica adecuadas a la magnitud del enemigo.

Pero hay más, pues se deja abierta la puerta a una paralización de trabajos, cuando cita de forma expresa: “...sin perjuicio de lo dispuesto en el art. 14.1 del R.D. 1627/1997, de 24 de octubre”. Otra vez se mete el pie en el barro, teniendo en cuenta que lo previsto en el citado artículo, la paralización por riesgo grave e inminente, debe responder siempre a motivos objetivos, justificados y contrastados.

Considérese por el lector y quién deba plantearse cómo proceder en lo sucesivo, un aspecto fundamental que muchos no parecen conocer o no desean hacerlo, y es que dicho riesgo, según la definición del artículo 4.4 de la Ley 31/1995, de Prevención de Riesgos Laborales, debe ser laboral, y no un riesgo de salud pública como al que nos estamos enfrentando.

Por otra parte, el 9 de abril, el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) publicó el documento “Orientaciones preventivas frente al COVID-19 en las obras de construcción”. Tras publicarlo en su web https://www.insst.es y difundirlo en redes sociales, desapareció dos días más tarde. Ya no queda rastro de él ¿por qué? ¿qué contenido incluía el documento para que el Gobierno o el Ministerio de Sanidad diese un tirón de orejas al Ministerio de Trabajo?

Dos días después, el 11 de abril, sale a la luz un documento elaborado por el Ministerio de Sanidad, “Directrices de buenas prácticas en los centros de trabajo” que aporta, entre otras cosas, recomendaciones tanto antes de ir al centro de trabajo como en los desplazamientos, permanencia en él y una serie de medidas organizativas, de higiene, de la gestión de residuos o incluso para después de ir al trabajo.

La realidad es que hoy nos han tocado diana con la reanudación de los trabajos en la mayoría de las obras de construcción, que disponemos de multitud de información, confusa en muchos casos y que además, tenemos sorpresa que, en mi opinión, no se arregla a la razón.

El B.O.E. nº102, de ayer mismo a última hora de la tarde, publicaba la Orden SDN/340/2020, de 12 de abril, del Ministerio de Sanidad, por la que se suspenden determinadas actividades relacionadas con obras de intervención en edificios existentes en las que exista riesgo de contagio por el COVID-19 para personas no relacionadas con dicha actividad. ¡Toma ya!

Es decir, que en unas obras existe riesgo de contagio y en otras no, independientemente de la naturaleza de las personas que puedan permanecer en ellas. Ahora resulta haber ciudadanos que se exponen a contagio por encontrarse en el inmueble en el que deban realizarse las obras, pero al parecer los trabajadores o los técnicos no estamos expuestos a idéntico riesgo.

Un despropósito más, que no hace más que generar confusión. Mientras, nosotros, los técnicos que ejercemos la coordinación de seguridad y salud en fase de ejecución, seguimos sin tener claro cómo debemos proceder en lo sucesivo.

En lo que a mi respecta, y huyo absolutamente de la intención de adoctrinar o reclutar, no visitaré las obras de construcción cuando no sea absolutamente necesario y mientras permanezca vigente el estado de alarma. Me informaré de su estado de ejecución y de coordinación de actividades mediante llamadas telefónicas o videollamadas, en las que recabaré la información necesaria para procurar dar cumplimiento a mis funciones.

Seguiré celebrando reuniones con empresas o trabajadores autónomos que puedan iniciar trabajos, evidentemente de forma no presencial y dejando constancia de éstas o de posibles instrucciones que se puedan impartir mediante correos electrónicos.

Jamás desertaré de mis funciones y responsabilidades, pero en esta situación no seré yo quien cargue con el descomunal lastre de vigilar el cumplimiento por los trabajadores y las empresas de las medidas establecidas por las autoridades sanitarias, como hasta la fecha no he venido siendo quién haya vigilado el cumplimiento de las obligaciones del resto de actores; y por supuesto tampoco seré quien paralice la actividad por los motivos sanitarios ya conocidos por todos.

Evidentemente, lo referido en el párrafo anterior se entiende sin perjuicio de que haya detectado o pueda detectar un incumplimiento de medidas de seguridad y salud laboral o una situación de riesgo laboral grave e inminente y por tanto actúe en virtud de la normativa vigente.

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