Activación de la inercia térmica del hormigón empleando sus propiedades dieléctricas

La eficiencia energética de los edificios conlleva la aplicación de distintas estrategias, entre otras: orientación, ventilación, aislamiento o inercia térmica de los materiales. En este sentido, el hormigón, además de su resistencia al fuego, aislamiento acústico, fiabilidad estructural o rapidez constructiva mejora, gracias a su masa térmica, el comportamiento energético de los edificios.

En verano (con climas cálidos), los elementos de hormigón amortiguan y retardan el calentamiento del interior del edificio. Por la noche, el hormigón desprende el calor absorbido durante el día, manteniendo el confort térmico interior. Esto conduce a un ahorro de energía y produce un mejor clima interior en los edificios. Se pueden encontrar edificios singulares con sistemas de construcción “térmicamente activados” que incrementan este efecto.

Estos sistemas son, por ejemplo, tubos de agua caliente (o fría), aire que fluye a través de tubos embebidos en el hormigón, u otros sistemas menos conocidos como el empleo de materiales de cambio de fase o la activación dieléctrica del hormigón.

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